Una erosión sostenida desde 2018 cruza por primera vez en 2026: el marco de seguridad energética desplaza al climático y convierte al petróleo de problema en necesidad. La COP31 puede consolidar o revertir el cruce.
El NDI mide, para cada concepto y año, qué actor consigue definir su significado en la prensa: el movimiento climático (−1) o la industria fósil (+1). A diferencia de los análisis que estudian por separado el discurso activista, corporativo o mediático, el NDI triangula los marcos producidos independientemente por movimiento e industria con su prevalencia relativa en la cobertura periodística. Hasta donde alcanza nuestra revisión de la literatura, es la primera medida longitudinal que permite seguir esta dominancia, concepto a concepto, a lo largo del tiempo. Convierte una pregunta hasta ahora difícil de medir —quién consigue definir el significado— en una serie observable.
El NDI no mide cuánto habla cada actor. Mide hacia qué marco se acerca la prensa.
El Índice de Dominancia Narrativa (NDI) mide quién define el marco del petróleo en prensa — −1 el movimiento, +1 la industria. No es un vaivén: es una erosión sostenida que en 2026 cruza a favor de la industria (+0.28; IC 95% [+0.07, +0.47]).
Big Oil no necesita conquistar un marco que el movimiento deja vacío. El petróleo cambia de manos porque cambia el marco maestro de la conversación.
Cuando climate crisis cede ante energy security, el petróleo deja de entrar en la conversación principalmente como causa y vuelve a entrar como necesidad.
Por primera vez desde 2018, el marco que gana la disputa por el petróleo en la prensa es el de la industria: necesidad y seguridad energética desplazan a la culpa climática. El término se ha dado la vuelta.
La pérdida no viene de un mejor argumento pro-petróleo: viene de un cambio de marco maestro. Tras la guerra de Ucrania (2022) y, este año, el conflicto en Oriente Medio, la prensa encuadra la energía cada vez menos como problema climático y más como problema de seguridad y suministro — el terreno donde la industria fósil siempre gana. El colapso del marco climático en medios es medible:
En 2019, el clima era el marco maestro desde el que se interpretaba la energía. En 2026 ese marco ha sido desplazado por seguridad, suministro y crisis energética. Ese desplazamiento cambia estructuralmente la ventaja narrativa: dentro del marco climático los fósiles aparecen como problema; dentro de energy security pueden reaparecer como solución.
En 2026 el ángulo climático dentro de la cobertura de clima y energía cae a su mínimo — menos de la mitad que en 2019. El clima se desvanece de los medios justo cuando más se agrava.
Investigación previa de Díaz-Pérez mostró que el prognosis gap del nuevo movimiento climático persistió entre 2018 y 2023, mientras Big Oil ocupaba ese espacio con gas, hidrógeno, CCS y otras soluciones compatibles con su modelo de negocio.
Esa asimetría ya no está únicamente en las comunicaciones de los actores: puede observarse en la batalla por definir los conceptos en la prensa.
La pérdida no es solo mediática: el propio movimiento activa el marco climático cada vez menos. En su discurso, el clima cae del 35% (2019) al 25,7% (2026) — su mínimo. Y su propuesta positiva se debilita: renovables-como-solución cae del 12,5% (2023) al 6,1% (2025) (con una recuperación parcial al 8,8% en 2026). Mientras, el movimiento cuestiona las renovables desde dentro — no por intermitencia, sino por extractivismo verde y justicia:
El movimiento climático ha dejado desierta la narrativa de soluciones. Ese hueco lo ha ocupado la industria — con el gas, el CCS y el hidrógeno como 'la respuesta'.
El petróleo es el frente en mayor disputa — el que aún puede cambiar de manos. En el resto la dominancia es más clara: la industria ya lidera gas, CCS e hidrógeno; las renovables las gana el movimiento en prensa, aunque las cuestiona desde dentro. Ninguno está cerrado — todos siguen siendo battlegrounds que importan.
| Concepto | 24–25 | 2026 | Dominancia 2026 | Estado estratégico |
|---|---|---|---|---|
| Oil | −0.67 | +0.28 | Industria | En disputa · cruza |
| Gas | +0.94 | +1.00 | Industria | Industria |
| CCS | +0.84 | · | Industria | Industria |
| Hydrogen | +0.99 | +0.99 | Industria | Lock-in industria |
| Renewables | −0.92 | −1.00 | Movimiento | Movimiento · frágil dentro |
En gas, la prensa ya había cruzado hacia el marco de la industria antes que en petróleo: de +0.37 antes de la guerra de Ucrania a +0.94 en 2024–25 —LNG y seguridad energética—, y en 2026 se afianza del lado industria (+1.00).
Si la crisis energética organiza la conversación, el movimiento no necesita convencer a los medios de que abandonen ese marco. Necesita redefinir qué significa: dependencia fósil = vulnerabilidad; renovables = seguridad, estabilidad y autonomía. Los ejemplos de Pakistán, WindEurope y Yale no son casos sueltos: son evidencia de que el counter-frame ya está culturalmente disponible en la prensa.
La movilización no es solo una táctica de presión: es una infraestructura de amplificación narrativa. La ola de 2019 combinó un marco altamente resonante, movilización masiva y el máximo de presencia del marco climático en nuestra serie mediática (74%). La pérdida posterior de movilización y de coherencia del marco coincide con su retroceso continuado.
El movimiento ha construido con mucha más fuerza el diagnóstico —problema y responsables— que una prognosis capaz de definir qué viene después. RELAT llama prognosis gap a esa asimetría. La industria la ha compensado promoviendo gas, CCS e hidrógeno como "la respuesta"; los datos de 2026 muestran la consecuencia: ya domina precisamente esos conceptos en prensa.
No abandonar energy security: disputarlo. Es la otra cara del counter-frame — las renovables son seguridad; la dependencia del petróleo es inseguridad. Doble encuadre del petróleo: seguir ligándolo a la culpa del cambio climático a medida que vuelve el momentum climático, y encuadrarlo como causa de la propia crisis energética, no como su solución.
Precisamente porque 2026 es provisional, COP31 funciona como test natural del diagnóstico. Una COP que reancle la conversación en el clima puede revertir el cruce; una capturada por la seguridad energética lo consolida. La ventana es ahora.
La COP31 puede revertir esta tendencia. Pero el movimiento tiene que volver a seducir y a movilizar como en 2019 — cuando las calles devolvieron el clima a las portadas.
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La investigación climática ha medido extensamente los marcos de movimientos, empresas y medios. Pero esos espacios se han estudiado en gran medida por separado o en pares. El NDI cierra el circuito:
No mide quién habla más. Mide quién consigue definir qué significa.
RELAT se apoya en el programa de investigación revisado por pares de Díaz-Pérez sobre construcción de marcos, resonancia, prognosis gaps, frame compensation y marcos de acción colectiva corporativos.
Corpus GDELT de cobertura de clima y energía · 56 medios · 2018–2026 · datos de 2026 en curso · índices con intervalo de confianza del 95%.
A sustained erosion since 2018 crosses for the first time in 2026: the energy-security frame displaces the climate one and turns oil from problem into necessity. COP31 can consolidate or reverse the crossing.
The NDI measures, for each concept and year, which actor manages to define its meaning in the press: the climate movement (−1) or the fossil industry (+1). Unlike analyses that study activist, corporate or media discourse in isolation, the NDI triangulates the frames produced independently by movement and industry with their relative prevalence in press coverage. To the best of our literature review, it is the first longitudinal measure that tracks this dominance, concept by concept, over time. It turns a question that was hard to measure —who gets to define the meaning— into an observable series.
The NDI does not measure how much each actor talks. It measures which frame the press moves toward.
The Narrative Dominance Index (NDI) measures who defines the oil frame in the press — −1 the movement, +1 the industry. This is no swing: it is a sustained erosion that in 2026 crosses in the industry's favour (+0.28; 95% CI [+0.07, +0.47]).
Big Oil does not need to conquer a frame the movement leaves empty. Oil changes hands because the master frame of the conversation changes.
When climate crisis yields to energy security, oil stops entering the conversation mainly as a cause and re-enters as a necessity.
For the first time since 2018, the frame that wins the contest over oil in the press is the industry's: necessity and energy security displace climate blame. The term has flipped.
The loss does not come from a better pro-oil argument: it comes from a master-frame shift. After the war in Ukraine (2022) and, this year, the Middle East conflict, the press frames energy less and less as a climate problem and more as a security and supply one — the terrain where the fossil industry always wins. The collapse of the climate frame in the media is measurable:
In 2019, climate was the master frame through which energy was read. In 2026 that frame has been displaced by security, supply and energy crisis. That shift structurally changes the narrative advantage: within the climate frame fossil fuels appear as the problem; within energy security they can reappear as the solution.
In 2026 the climate angle within climate-and-energy coverage falls to its lowest — less than half of 2019. Climate is vanishing from the media just as it worsens.
Prior research by Díaz-Pérez showed that the new climate movement's prognosis gap persisted between 2018 and 2023, while Big Oil filled that space with gas, hydrogen, CCS and other solutions compatible with its business model.
That asymmetry is no longer only in the actors' communications: it can now be observed in the battle to define the concepts in the press.
The loss is not only in the media: the movement itself activates the climate frame less and less. In its own discourse, climate falls from 35% (2019) to 25.7% (2026) — its lowest. And its positive proposal weakens: renewables-as-solution drops from 12.5% (2023) to 6.1% (2025) (a partial recovery to 8.8% in 2026). Meanwhile the movement questions renewables from within — not on intermittency, but on green extractivism and justice:
The climate movement has left the solutions narrative deserted. The industry has moved into that vacuum — casting gas, CCS and hydrogen as 'the answer'.
Oil is the most contested front — the one that can still change hands. Elsewhere the dominance is clearer: the industry already leads gas, CCS and hydrogen; renewables the movement wins in the press, though it questions them from within. None is settled — all remain battlegrounds that matter.
| Concept | 24–25 | 2026 | Dominance 2026 | Strategic status |
|---|---|---|---|---|
| Oil | −0.67 | +0.28 | Industry | Contested · crossing |
| Gas | +0.94 | +1.00 | Industry | Industry held |
| CCS | +0.84 | · | Industry | Industry held |
| Hydrogen | +0.99 | +0.99 | Industry | Industry lock-in |
| Renewables | −0.92 | −1.00 | Movement | Movement held · vulnerable within |
On gas, the press had already crossed to the industry frame earlier than on oil: from +0.37 before the war in Ukraine to +0.94 in 2024–25 —LNG and energy security— and in 2026 it consolidates on the industry side (+1.00).
If the energy crisis organises the conversation, the movement need not convince the media to abandon that frame. It needs to redefine what it means: fossil dependence = vulnerability; renewables = security, stability and autonomy. The Pakistan, WindEurope and Yale examples are not scattered cases: they are evidence that the counter-frame is already culturally available in the press.
Mobilisation is not just a pressure tactic: it is an infrastructure of narrative amplification. The 2019 wave combined a highly resonant frame, mass mobilisation and the peak presence of the climate frame in our media series (74%). The later loss of mobilisation and frame coherence coincides with its continued retreat.
The movement has built the diagnosis —problem and culprits— far more strongly than a prognosis able to define what comes next. RELAT calls that asymmetry the prognosis gap. The industry has compensated for it by promoting gas, CCS and hydrogen as "the answer"; 2026's data show the consequence: it now dominates precisely those concepts in the press.
Do not abandon energy security: contest it. It is the other face of the counter-frame — renewables are security; oil dependence is insecurity. A double frame for oil: keep tying it to the blame for climate change as climate momentum returns, and frame it as the cause of the energy crisis itself, not its solution.
Precisely because 2026 is provisional, COP31 works as a natural test of the diagnosis. A COP that re-anchors the conversation in climate can reverse the crossing; one captured by energy security consolidates it. The window is now.
COP31 can reverse this. But the movement has to seduce and mobilise again as it did in 2019 — when the streets put climate back on the front pages.
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Climate research has extensively measured the frames of movements, companies and media. But those spaces have largely been studied separately or in pairs. The NDI closes the loop:
It does not measure who talks most. It measures who gets to define what things mean.
RELAT builds on Díaz-Pérez's peer-reviewed research programme on frame construction, resonance, prognosis gaps, frame compensation and corporate collective action frames.
GDELT corpus of climate-and-energy coverage · 56 outlets · 2018–2026 · 2026 year-to-date · indices with 95% confidence intervals.